Las 700 bases militares en Afganistán

Los sitios negros del Imperio de las Bases
TomDispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

En el siglo XIX era un fuerte utilizado por las fuerzas británicas. En el siglo XX, las tropas soviéticas se instalaron entre sus destartaladas paredes. En diciembre de 2009, en ese lugar del distrito de Shinwar, de la provincia de Nangarhar en Afganistán, las tropas estadounidenses se reunieron con miembros del Ejército Nacional afgano para allanar el camino para la siguiente ronda de ocupaciones extranjeras. Se quería levantar una nueva base en sus terrenos, una más de entre los cientos de campos y puestos de avanzada diseminados por todo el país.

Casi diez años después de que la administración Bush lanzara su invasión de Afganistán, TomDispatch ofrece el primer recuento actualizado de las bases de EEUU, de la OTAN y de las pertenecientes a la coalición, así como de las instalaciones utilizadas por las fuerzas de seguridad afganas. Esas bases van desde lugares relativamente pequeños como Shinwar, hasta megabases que parecen pequeñas ciudades estadounidenses. Actualmente, según fuentes oficiales, aproximadamente 700 bases de todos los tamaños salpican el territorio afgano, y hay más, como la de Shinwar, que están en construcción o que pronto serán parte del boom de construcción de bases que empezó ya el pasado año.

Este programa de construcción de bases, latente en medio de las sombras y del que apenas se informa y raramente se habla, es sin embargo escalofriante en tamaño y alcance, y muy dependiente de los suministros importados de fuera, lo que significa que es también extraordinariamente caro. Se ha añadido de forma significativa a la ya larga lista secreta de propiedades del Pentágono en el exterior y plantea muchos interrogantes acerca de cuánto tiempo, después de ese supuesto inicio de retirada de las tropas estadounidenses en 2011, va a permanecer acuartelado EEUU en Afganistán.

400 bases extranjeras en Afganistán

El coronel Wayne Shanks, portavoz de la Fuerza de Ayuda de Seguridad Internacional (ISAF, por sus siglas en inglés) dirigida por EEUU, ha manifestado a TomDispatch que hay, en estos momentos, casi 400 bases estadounidenses y de la coalición en Afganistán, incluyendo campos, bases de operaciones de avanzada y puestos de combate. Además, hay al menos 300 bases del Ejército Nacional afgano (ENA) y de la Policía Nacional Afgana (PNA), la mayoría de ellas construidas, mantenidas o apoyadas por EEUU. Hay un número reducido de sitios de la coalición que son megabases, como el campo aéreo de Kandahar, que alardea de tener las pistas más ocupadas del mundo, y la Base Aérea de Bagram, una anterior instalación soviética remozada y completada con cadenas de Burger King y Popeyes, donde ahora se alojan más de 20.000 soldados estadounidenses, además de miles de efectivos de la coalición y de contratistas civiles.

De hecho, se espera que Kandahar, que recientemente, en 2007, albergaba a 9.000 soldados de la coalición, tenga una población de 35.000 soldados en el momento en que se complete el incremento del Presidente Obama, según el Coronel Kevin Wilson, que supervisa los esfuerzos de construcción, en la mitad sur de Afganistán, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EEUU. Por otra parte, el sitio de Shinwar, según el Sargento Tracy J. Smith, del Equipo de Combate de la 48ª Brigada de Infantería, será una pequeña base de operaciones de avanzada (BOA) que albergará tanto a tropas afganas como extranjeras.

El pasado otoño se informó que había un presupuesto por valor de 200 millones de dólares para proyectos de construcción –desde barracas a instalaciones para almacenes de carga- en Bagram. La Fuerzas Aéreas de EEUU han reservado también fondos importantes para mejorar su capacidad y potencial aéreo en Kandahar. Por ejemplo, se han destinado 65 millones de dólares para construir más espacio para pistas (donde los aviones puedan aparcar, ser atendidos, cargar y descargar) para facilitar más apoyo aéreo directo a los soldados sobre el terreno y mayor capacidad de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Se han asignado también otros 61 millones de dólares para la construcción allí de una pista para helicópteros de carga y otra pista para facilitar un puente aéreo táctico.

Kandahar es justo uno de los muchos lugares que actualmente están mejorándose. No se dispone de cifras exactas de la cantidad de instalaciones que se están ampliando, mejorando o reforzando pero, según un portavoz de la ISAF, el ejército planea ampliar varias bases más para acoger el incremento de tropas como parte de la estrategia del comandante de la guerra afgana Stanley McChrystal. En resumen, al menos van a construirse doce bases más para poder albergar a los nuevos 30.000 soldados estadounidenses y a los miles de fuerzas de la OTAN que van a empezar a llegar al país.

“En la actualidad, tenemos en marcha trabajos en Afganistán por valor de 3.000 millones de dólares”, dice el Coronel Wilson, “y para el verano, probablemente, cuando el polvo de todo el incremento se pose, tendremos entre 1.300 millones y 1.400 millones de dólares de esa cantidad en el Sur”. En comparación, entre 2002 y 2008, el Cuerpo de Ingenieros gastó más de 4.500 millones de dólares en proyectos de construcción en Afganistán, la mayoría dedicados a construcción de bases.

En el lugar de la futura BOA en Shinwar, más de 135 contratistas privados de construcción asistieron a lo que se denominó el “rodeo de contratistas afganos y de la coalición”. Según el Teniente Fernando Roach, técnico contratista de los Guerreros de la Montaña del Destacamento Especial del Ejército estadounidense, el evento de preparó “para proporcionar a los potenciales contratistas una descripción detallada de la zona para que tuvieran una sólida visión general del ámbito de trabajo”. Las firmas constructoras pujaron después sobre tres proyectos separados: la renovación de las instalaciones soviéticas de más de treinta años de antigüedad, la construcción de nuevos cuarteles para las fuerzas de la coalición y afganas, y la construcción de un muro para la base de dos kilómetros.

En las semanas que siguieron al “rodeo”, el ejército estadounidense anunció nuevos planes para mejorar instalaciones en otras bases de operaciones de avanzada. En la BOA aerotransportada, localizada cerca de Kane-Ezzat, en la provincia de Wardak, por ejemplo, el ejército intenta crear búnkeres de hormigón reforzado y barreras de protección contra explosivos, así como cimientos de hormigón para Edificios Reubicables (estructuras prefabricadas tipo trailer utilizadas como cuarteles de trabajo y albergues). También se han proyectado trabajos similares para la BOA de Altimur, un campo del ejército en la provincia de Logar.

El boom de las bases afganas

Recientemente, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense en el distrito de Kabul, en Afganistán, anunció que iba a buscar ofertas para “evaluar lugares” por toda la nación donde establecer instalaciones para cuarteles de distrito de las fuerzas de seguridad nacional afganas. No está clara la cifra precisa de bases afganas diseminadas por todo el país.

A preguntas de TomDispatch, el Coronel Radmanish, del Ministerio afgano de Defensa, afirmó que las bases importantes se ubicarían sólo en Kabul, Pakteya, Kandahar, Herat y Mazar-e-Sharif, y que las unidades del ENA actúan por todo Afganistán. Sin embargo, los recientes contratos del ejército para el mantenimiento de los servicios proporcionados a las bases de la policía y ejército afganos, sugieren que no hay menos de 300 de esas instalaciones, que, según un portavoz de la ISAF, no están registradas en el inventario de bases de la coalición.

Al contrario de las bases estadounidenses atiborradas de franquicias de comida rápida, las afganas son a menudo decididamente mucho más rústicas. Los cuarteles de la policía en el Distrito de Khost Farang, en la provincia de Baghlan, es un buen ejemplo. Según una valoración detallada del lugar llevada a cabo por un contratista local para el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y el gobierno afgano, los cuarteles del distrito consisten en unas construcciones de adobe y piedra rodeadas de un muro de adobe. El lugar carece incluso de un pozo de agua. Una zanja alimentada por un manantial cercano es la única fuente de agua disponible.

Las bases estadounidenses que más se parecen a las austeras instalaciones afganas son los puestos de combate, conocidos también como COPs (siglas en inglés). El especialista medioambiental Michael Bell del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, División Inmobiliaria del Distrito Sur de Ingenieros en Afganistán, describió recientemente las instalaciones y la vida en esa base que, él y su ayudante, el Especialista en Bienes Inmuebles Damian Salazar, vieron a finales de 2009:

“El COP de Sangar… es un recinto rodeado de muros de adobe y paja. Los dormitorios sólo están dotados de catres… La tienda de campaña con el puesto de mando, la farmacia y el médico ocupaba el centro del COP y se completaba con unos cuantos ordenadores con acceso a Internet y tres primitivas mesas de operaciones. Se acababan de instalar duchas con aguo caliente, de la que sólo de disponía de 8:00 a 10:00 de la mañana y desde las 14:00 a las 16:00 horas…

“El Día de Acción de Gracias se levantó una tienda de campaña para el recreo, bienestar y la moral de la tropa dotada de un televisor; sin embargo, apenas se utilizaba la tienda debido al frío. La mayor parte de los soldados utilizaban para distraerse una tienda de campaña que tenía equipo de gimnasia… Un trailer con la cocina proporcionaba un sencillo almuerzo y cena calientes. La comida era preparada. Las noches eran como boca de lobo sin luz alguna en la base o en la ciudad”.

¿Cómo se construye una base?

Según una valoración local oficial, en la futura construcción de los cuarteles policiales de Khost Farang se utilizará arena, grava y piedra, todo ello adquirible en la zona. Además, se ha podido localizar cemento, acero, ladrillos, piedra caliza y yeso en la ciudad de Pol-e Khomri, a unos 130 kilómetros de distancia.

Sin embargo, construir una base para las tropas estadounidenses es otra cuestión. Para las mucho menos modestas necesidades de las tropas estadounidenses, los constructores dependen sobre todo de productos importados de lugares extremadamente lejanos, con dificultades de transporte, teniendo que atravesar en ocasiones líneas de combate, todo lo cual se añade a un coste extraordinariamente alto. “Nuestro negocio depende de los materiales”, decía el Teniente General Robert Van Antwerp, comandante del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, a una audiencia en una reunión en el ayuntamiento en Afganistán en diciembre de 2009. Tienes que traer mamadera, tienes que traer el acero, tienes que traer los contenedores y todo lo demás. El transporte no es fácil en este país –número uno: las mismas carreteras, número dos: tener que atravesar otros países hasta llegar-, hay que afrontar desafíos enormes hasta llegar aquí con los materiales”.

Para facilitar los proyectos de construcción de bases estadounidenses, la Agencia de Logística de Defensa del Pentágono (DLA, por sus siglas en inglés) ha lanzado un nuevo “escaparate virtual” –un portal de compras online-. La página web de Operaciones, Mantenimiento y Reparaciones del Escaparate Virtual de de Uzbekistán y las instalaciones de un almacén de mortero y ladrillo, a cuyo frente está un contratista de defensa que también es su propietario, sirven al objetivo de proporcionar materiales de construcción producidos en la región para acelerar los esfuerzos de construcción que el incremento requiere.

Desde unas instalaciones situadas en Termez, Uzbekistán, pueden transportarse rápidamente al cercano Afganistán para acelerar los esfuerzos de construcción de bases, materiales como cemento, hormigón, vallas, tejas, cuerda, arena, acero, canaletas, cañerías, etc. “Tener los productos más cerca del combate facilitará la acción de los guerreros al reducir el tiempo de entrega y la respuesta de la logística”, dice Chet Evanitsky, el jefe de la división de la cadena de suministros de equipamiento y construcción de la DLA.

El oscuro mundo de las bases estadounidenses

El inventario más reciente del Pentágono de bases enumera un total de 716 lugares en el extranjero. Ahí se incluyen las instalaciones que poseen y arrendan por todo Oriente Medio, así como una importante presencia en Europa y Asia, especialmente en Japón y Corea del Sur. Quizá incluso más imponente que la cartera de propiedades públicas en el extranjero son los muchos lugares que han quedado fuera de ese inventario oficial. Aunque las bases en los países del Golfo Pérsico como Bahrain, Kuwait, Omán y los Emiratos Árabes Unidos, están todas en la lista, hay un lugar notablemente ausente como es el la Base Aérea de Al-Udeid, una instalación por valor de miles de millones de dólares en la cercana Qatar, donde la Fuerza Aérea estadounidense supervisa en secreto las guerras que tiene en marcha con aviones no tripulados.

El recuento no incluye tampoco ninguno de los lugares de Iraq donde, en agosto de 2009, había aún casi 300 bases y puestos de avanzada estadounidenses. De forma muy parecida, las bases en Afganistán –un porcentaje importante de los 400 lugares diseminados por todo el país- están notoriamente ausentes del inventario del Pentágono.

Contando las bases que quedan en Iraq –se espera que hasta 50 bases sigan operativas después de la fecha límite fijada por el Presidente Barack Obama del 31 de agosto de 2010, para sacar a todas las “tropas de combate” estadounidenses del país- y las que están en Afganistán, así como los lugares negros como Al-Udeid, la cifra total de bases estadounidenses en el extranjero debe en este momento superar, y en mucho, la cifra de 1.000. Será muy difícil saber nunca públicamente y con exactitud cuántas bases militares de EEUU (e instalaciones aliadas que las fuerzas estadounidenses utilizan) hay esparcidas por todo el planeta. Lo que sabemos –desde la experiencia de las bases en Alemania, Italia, Japón y Corea del Sur- es que, una vez construidas, tienen una tendencia a la permanencia que ni el cese de hostilidades ni siquiera una paz indiscutible pueden en forma alguna alterar.

Después casi de una década de guerra, casi 700 bases militares estadounidenses, aliadas y afganas salpican todo Afganistán. Sin embargo, hasta ahora, existen sitios negros que muy pocos estadounidenses conocen fuera del Pentágono. Queda por ver, en una década futura, cuántos de esos lugares seguirán estando ocupados por las tropas aliadas y estadounidenses y cuál será la bandera que ondeará en el siempre cambiante (británico, soviético, estadounidense/afgano) emplazamiento de Shinwar.

Nick Turse es editor asociado de TomDispatch.com y ganador del Premio Ridenhour 2009 a la Distinción Informativa, así como el Premio James Aronson para el Periodismo de Justicia Social. Sus trabajos se publican en Los Angeles Times, The Nation, In These Times y, regularmente, en TomDispatch. Turse es actualmente miembro del Center for the United States and the Cold War de la Universidad de Nueva York. Es autor de “The Complex: How the Military Invades Our Everyday Lives”, (Metropolitan Books). Su página en Internet es: NickTurse.com

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175204/tomgram%3A_nick_turse%2C_america%27s_shadowy_base_world/#more

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