Transgénicos, ¿Cómo está Europa y cómo estamos nosotros?

http://www.otromadrid.org/articulo/9695/transgenicos-como-esta-europa-como/

Enviado por Arturo | 17/04/10 – 00:34

Pilar Galindo. La Garbancita Ecológica

El Comisario de Sanidad y Protección al Consumidor de la Unión Europea, John Dalli, inauguró su cargo el 2 de marzo de 2010, autorizando 3 importaciones de maíces transgénicos de Monsanto y la siembra comercial de la patata transgénica “Amflora” de la multinacional BASF. Esta patata, que contiene dos genes de resistencia a antibióticos, se usará para producir amilopectina, un almidón empleado para fabricar papel. A pesar de que huele mal, sabe mal y aumenta el riesgo de inhabilitar antibióticos humanos, también se empleará en la alimentación animal. Aunque sus defensores afirman que no habrá contaminación porque las patatas no tienen polen ni variedades silvestres, estos tubérculos rebrotan espontáneamente y se mezclan con la siguiente cosecha. Según BASF, este almidón reducirá el consumo de agua, aditivos y energía en la producción de papel y supondrá 30 millones de euros en contratos para los productores de patata europeos.

John Dalli defiende esta patata porque la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (AESA) sostiene que “es poco probable que los 2 marcadores de resistencia a antibióticos tengan efectos sobre la salud humana y el medio ambiente”. Sin embargo, la normativa europea sobre transgénicos exige desde 2001, eliminar dichos marcadores si constituyen un riesgo para la salud.  La Agencia Europeadel Medicamento, el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades y la Organización Mundialde la Salud, han advertido del riesgo de inutilizar los antibióticos de uso humano y animal. Dos científicos del panel de expertos en riesgos biológicos de la AESA han mostrado su desacuerdo aunque no les han permitido expresarse públicamente. Sus discrepancias han sido ocultadas tras un dictamen conjunto de los Paneles de Transgénicos y de Riesgos Biológicos.

La patata transgénica no produce mucho más almidón que una patata cualquiera. BASF podría haber eliminado los marcadores de resistencia a antibióticos porque hay otras alternativas. No lo ha hecho por ahorrar costes y porque nadie le ha obligado a quitarlos. Francia, Italia y otros países miembros de la UE rechazan esta decisión. Para callar a los Gobiernos discrepantes (no es el caso del estado español), la Comisión prepara para el verano una normativa que legalice las Zonas Libres de Transgénicos (ZLT), ahora alegales en Europa.

LOS TRANSGÉNICOS AVANZAN SOBRE NUESTRAS LIMITACIONES 

A causa de la debilidad del movimiento contra los transgénicos, el Estado Español es punta de lanza de la industria biotecnológica en Europa. Contamos con 80.000 hectáreasde maíz transgénico (en 2009, un 5% más que en 2008) y somos el primer país de la UE en cultivos experimentales transgénicos al aire libre. Más allá de que el gobierno del PSOE apoya claramente los cultivos y alimentos transgénicos hasta el punto de incumplir la ley, que la industria biotecnológica goza de buena salud y se promociona en estos días de la mano de fundaciones que hacen Jornadas para insistir en “El futuro de alimentos y cultivos transgénicos” (Simposio Internacional en Madrid, 13 y 14 de 2010) [1], esas 80.000 hectáreas son sembradas voluntariamente por agricultores.

Los días previos a la manifestación estatal antitransgénicos del pasado año (18 de abril de 2009) en Zaragoza, Alemania se sumaba a los países que impedían el cultivo de maíz transgénico Mon-810 en Europa. El hecho de que países tan decisivos y veteranos en la UE como Francia, Alemania e Italia, junto con Austria, Hungría, Luxemburgo, Polonia, Irlanda y Grecia bloqueen el maíz transgénico autorizado, no significa nada y muestra dónde conducen las reclamaciones retóricas de nuestras burocracias.

Derecho a decidir, ¿qué?

Apelar al derecho a la información y a decidir por parte de consumidores y productores, como defiendenla Plataforma Andalucía Libre de Transgénicos, pero también los que dicen representar la agroecología anticapitalista y autogestionada secundando a nuestras burocracias, es aceptar que la voluntad de los productores de cultivos transgénicos está por encima del principio de precaución. Los terratenientes sojeros argentinos ya han demostrado hasta donde son capaces de llegar si el gobierno les pide tan sólo que cedan parte de sus beneficios para compensar a la población a la que están sometiendo a envenenamiento y genocidio alimentario.

Los GAKs llevamos señalando desde hace años [2]los “peligros” de una lucha antitransgénica basada en el doble lenguaje y limitada a defender las Zonas Libres de Transgénicos en Europa y el derecho a decidir de sus productores y consumidores.

Las Zonas Libres de Transgénicos buscan proteger a su territorio, sus consumidores y sus productos. Pero al no cuestionar la producción transgénica fuera de su territorio, facilitan la coexistencia pacífica de países transgénicos y no transgénicos en el mercado global.  La simple defensa de “una alimentación sin transgénicos”, lejos de frenar su avance mundial, estimula su implantación en algunos países. El miedo a los transgénicos potencia un mercado exclusivo “libre de transgénicos”. (“Zonas Libres de Transgénicos, luces y sombras”, Revista Pedimos La palabra, nov 2009 [3]).

La sola declaración de ZLT tiene sus pros y sus contras. Su mayor ventaja es que se constituya en punto de partida. Será así si se promueve su declaración como parte de una campaña de sensibilización ciudadana de los riesgos de la alimentación transgénica, buscando el apoyo y la incorporación de los colectivos sociales, con la intención de crear en dicho territorio un movimiento contrario a los transgénicos que se plantee más acciones, sin perder de vista la relación que hay entre nuestras formas de alimentación globalizadas y la proliferación descontrolada de transgénicos en países empobrecidos. Pero si la declaración de ZLT es un fin en sí misma y se realiza de forma burocrática, sumando a los colectivos ya convencidos para que arranquen a las instituciones dicha declaración, en lugar de formar parte de la solución, la campaña se convierte en un simulacro capaz de coexistir pacíficamente con el aumento de transgénicos en campos, importaciones y alimentos. El resultado da apariencia de vida a un movimiento social muerto. La declaración de Zonas Libres de “Cultivos” Transgénicos no impide los cultivos transgénicos experimentales que también contaminan. Tampoco se enfrenta a la importación de materias primas modificadas genéticamente ni a los alimentos transgénicos para personas y animales, con lo que tampoco se evita la contaminación en la cadena alimentaria. Es preocupante que el movimiento antitransgénicos se reduzca a impulsar declaraciones de ZLT y a pedir la aplicación de la cláusula de salvaguardia al maíz MON-810, actualmente en cultivo, que ve crecer el número de sus detractores. Felicitarse por el aumento de regiones con ZLT, más mediáticas que reales, sin impedir que siga cultivándose e importándose alimentación transgénica, hace un flaco favor a los movimientos antitransgénicos de aquellos países que cultivan los transgénicos que importamos desde Europa.

El crecimiento de socios del “Foro de regiones europeas libres de transgénicos”, constituido por las instituciones que han realizado declaraciones sin promover espacios de lucha social, sirve para aparentar que hacemos algo mientras el avance de los transgénicos continúa sin freno, tanto en España como en la UE. No sólo por el impulso de los agrocombustibles que lleva aparejada la ingeniería genética, también por la ofensiva para abrir las importaciones de maíz transgénico para alimentación animal que, en algunos foros protransgénicos, califican como la “puerta clave” para la futura autorización del cultivo. Esta cara amable crea la sensación tranquilizadora de que estamos ganando la batalla porque, cada vez más países (Rumanía, Francia, Austria, Hungría, Grecia e Italia), se acogen a la cláusula de salvaguardia para “prohibir” determinados cultivos transgénicos (que no la experimentación o la comercialización de alimentos transgénicos en sus países) y cada vez más zonas se declaran libres (sólo de cultivo comercial). Esta información “positiva”, pero sesgada, provoca en la ciudadanía y en los movimientos sociales, la sensación de que las ZLT son, no sólo medidas necesarias sino también suficientes. El resultado de esta mixtificación no beneficia al movimiento contra los transgénicos sino a la industria biotecnológica que incluso, acabará apoyando la declaración de ciertas zonas libres de transgénicos en espacios protegidos, etc. con tal de tener acceso al resto de territorios. Necesitamos fortalecer un movimiento contra los transgénicos que vaya más allá. (¿Para qué sirven las Zonas Libres de Transgénicos, en “El Movimiento antitransgénicos, historia de un fracaso”, 17 de abril de 2008)

Frente a la libertad de elección, prohibición

Los GAKs y la Garbancita Ecológicadefendemos la prohibición total de cultivos y alimentos transgénicos tanto en la producción, como en la importación y el consumo [4]:

  • porque son un peligro para el medio ambiente. Los insectos y hierbas que combaten, se hacen resistentes a sus “tóxicos” que, a la vez, contaminan a otras plantas, bacterias y microorganismos del suelo con sus componentes insecticidas, herbicidas y antibióticos.
  • porque sus riesgos actuales sobre la salud humana, animal y vegetal son ciertos y, a medio plazo, impredecibles.
  • porque los cultivos de la soja transgénica argentina que importamos en la UE para alimentar nuestra producción industrial de cerdos, pollos y huevos, para agrocombustibles y para usos cosméticos están provocando cáncer, malformaciones genéticas y enfermedades respiratorias en las poblaciones rurales cercanas. http://www.grr.org.ar/campanapdf/index.php  
  • porque los transgénicos son parte del modelo agroindustrial globalizado causante del hambre y las enfermedades alimentarias.
  • porque hablar en los países ricos de prohibir el cultivo, sin mencionar la importación y el consumo, es favorecer una agricultura transgénica en los países pobres, trasladando allí los daños para que, al final, acaben vendiéndose aquí. Sin prohibir la importación y el consumo aquí, las buenas intenciones sobre el etiquetado de los alimentos o la discusión sobre las condiciones para una imposible coexistencia segura, son la puerta trasera por donde se cuelan los transgénicos en el estado español y explican porqué estamos a la cabeza de Europa en su cultivo.

  Necesitamos mirar hacia delante

Nunca se debió romper la unidad antitransgénica mantenida frente a los gobiernos del PP para negociar una ley de coexistencia entre cultivos transgénicos y no transgénicos con el gobierno del PSOE en 2005 [5]y acabar suplicando en 2009 al Defensor del Pueblo, que nos defienda de los transgénicos. Aunque en mayo de 2007, con la primera promoción para la firma del documento “Democracia, precaución y medio ambiente” [6]los partidarios de negociar la coexistencia en 2005 anunciaban conjuntamente que era imposible, esta declaración se limitaba a hacer un pronunciamiento sin exigir medidas al gobierno. Quienes quisimos sumarnos a esta declaración reclamando dicha exigencia, no sólo no lo conseguimos, sino que fuimos borrados de las firmas por discrepar de una declaración tan unitaria como inútil [7]. La izquierda “plural” hegemonizada por el PSOE, se mueve sólo por los intereses electorales contra el PP, pervirtiendo cualquier finalidad social o ecológica. Por el bien de todos, ha llegado la hora de reconocer los errores. Aún hoy los promotores de dicha estrategia mantienen un patético doble lenguaje del que se deriva “transgénicos no, pero sí”. Necesitamos mirar hacia delante. La unidad es necesaria, pero sobre bases integras y transparentes, acompañadas de un compromiso real en parar realmente y no sólo de palabra, la producción, el consumo y la importación de productos transgénicos. La unidad antitransgénica, es incompatible con la ausencia de una autocrítica respecto a las políticas imprudentes, erróneas y sectarias que rompieron el movimiento, crearon conflictos entre nosotros y fortalecieron a las multinacionales biotecnológicas.

Por segundo año, la COAG nos llama a movilizarnos en Madrid, el 17 de abril, Día de las Luchas Campesinas, bajo el lema NO A LOS TRANSGÉNICOS y nos facilita transporte gratis. ¿Cuándo empezará la COAG a pedir a sus agricultores que dejen de sembrar maíz transgénico y de ceder sus campos para cultivos experimentales? ¿Pedirá la COAG a sus agricultores que no siembren la patata BASF para defender la salud de las personas y del medio ambiente? ¿Cuándo empezarán las burocracias agrarias a cuestionar la cantidad de plaguicidas que se emplean en los mal llamados cultivos convencionales que tantos problemas de contaminación y salud provocan? ¿Quién protegerá a los agricultores ecológicos de la contaminación transgénica? ¿Por qué, si los sindicatos agrarios mayoritarios en Cataluña están contra los transgénicos, el cultivo de maíz transgénico ha crecido un 11% en el último año?

La COAGya sabemos lo que es. El verdadero problema somos nosotros, los que nos llamamos consumidores responsables y productores agroecológicos. ¿Qué clase de movimiento de productores y consumidores agroecológicos es el que se coloca bajo la tutela de grandes organizaciones, burocratizadas, sostenidas con fondos del estado y de Europa y comprometidas, de hecho, con una agricultura y una alimentación industrializada, mercantilizada y globalizada?

Acudamos a la manifestación de Madrid proclamando alto y claro:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: