“Recibes 3.500.000 de veces la dosis normal. ¿Y lo llaman seguro? ¿Qué medio ha reportado esto? Ninguno.”

Hirose Takashi: ¿Qué están encubriendo en Fukushima?
Traducido por Silvia Arana para Rebelión
Hirose Takashi ha escrito toda una estantería de libros, en su mayor parte sobre la industria de la energía nuclear y el complejo militar-industrial. Probablemente su libro más conocido sea Centrales de energía nuclear para Tokio, en el que toma el razonamiento de los promotores de energía nuclear y lo lleva hasta su conclusión lógica: Si están tan convencidos de que es segura, ¿por qué no construyen las plantas nucleares en la ciudad, en lugar de hacerlo a cientos de millas de distancia perdiendo la mitad de la electricidad en los cables?En la entrevista televisiva, una parte de la cual he traducido y está a continuación, habla un poco en contra de su voluntad. Hablamos por teléfono hoy (22 de marzo, 2011) y me dijo que aunque tuvo sentido oponerse a la energía nuclear hace tiempo, ahora que el desastre ha comenzado, él preferiría quedarse en silencio pero las mentiras que se dicen por radio y televisión son tan grandes que rompió el silencio.

Traduje (del japonés al inglés) sólo el primer tercio de la entrevista (que aparece completa en el original en you-tube), la parte que se refiere a lo que está sucediendo en las instalaciones de Fukushima. A posteriori se refiere al peligro de la radiación en general, y también al constante riesgo de los terremotos.

Después de leer esta entrevista, uno se pregunta, por qué siguen echando agua en los reactores en lugar de aceptar la solución del sarcófago [cubrir los reactores con cemento]. Creo que hay un par de respuestas. Una, que los reactores son muy caros, y no pueden aceptar la idea de esta enorme pérdida financiera. Pero más importante aún, al aceptar la solución del sarcófago estarían admitiendo que se equivocaron, que no pueden arreglar las cosas. Por un lado esa es mucha culpa para que un ser humano la reconozca. Por el otro lado, significa la derrota del planteamiento de energía nuclear, una idea que ellos sostienen con devoción casi religiosa. Y esto implica no sólo la pérdida de seis (o diez) reactores, sino que significa el cierre de todos los otros, una catástrofe financiera. Si sólo pudieran enfriarlos y ponerlos en actividad de nuevo, podrían decir, “Como lo están viendo, el poder nuclear no es tan peligroso después de todo”. Fukushima es un drama, que se presenta a una audiencia formada por todo el mundo; puede terminar con la derrota o la victoria (esperanza frágil y sin sustento, en mi opinión) de la industria nuclear. HIrosi nos puede ayudar a entender este drama. Douglas Lummis

Hirose Takashi: El accidente en la Central Nuclear de Fukushima y los Medios

Publicado por Ashi NewStar, 17 de marzo, 20:00

Entrevistadores: Yo y Maeda Mari

Yo: Hoy hemos visto que se lanzaba agua en los reactores desde arriba y desde el suelo, pero, ¿cuán eficiente es esto?

Hirose:… Si se quiere enfriar un reactor con agua, hay que hacer circular el agua por dentro para sacar el calor, cualquier otra cosa no tiene sentido. La única solución es el restablecimiento del suministro eléctrico. Lo otro es como volcar agua en la lava.

Yo: Restablecer el suministro eléctrico, es decir, ¿reiniciar el sistema de enfriamiento?

Hirose: Sí. El accidente fue porque el tsunami causó inundaciones en los generadores de emergencia y arrastró los tanques de combustible. Si eso no se arregla, no hay otra solución.

Yo: Tepco (Tokio Electric Power Company, la empresa dueña y administradora de la central nuclear) dice que espera que los cables de alto voltaje vuelvan a funcionar esta noche.

Hirose: Sí, hay algo de esperanza al respecto. Pero lo que es preocupante es que un reactor nuclear no tiene nada que ver con los esquemas que se muestran (muestra un gráfico de reactor, como los divulgados en la televisión). Esto es sólo una caricatura. Así es debajo del contenedor de un reactor (muestra una fotografía). Esta es la base de un reactor. Mire. Es una jungla de interruptores eléctricos, cables y tuberías. Por televisión estos seudo académicos dan explicaciones simplistas, pero no saben nada estos profesores universitarios. Sólo los ingenieros saben lo que pasa. Es aquí adonde se ha puesto el agua. Este laberinto de tuberías puede marearte. Su estructura es tan salvajemente compleja que es difícil de entender. Durante una semana han estado volcando agua allí. Y el agua es salada. Si pones agua salada en un horno caliente, ¿qué pasa? Produces sal. La sal entra en las válvulas y las paraliza, dejan de moverse. Esto va a suceder de manera masiva. Entonces, yo no puedo creer que es una simple cuestión de reconectar la electricidad y que el agua recomenzará a circular. Creo que hasta un ingeniero poco imaginativo puede entender esto. A un sistema tan increíblemente complejo como éste, se le echa agua desde un helicóptero -quizás ellos tengan una idea del efecto que lograrán, pero yo no lo entiendo.

Yo: Necesitarán 1300 toneladas de agua para llenar las piscinas de combustible usado en los reactores 3 y 4. Esta mañana pusieron 30 toneladas. Luego las fuerzas de auto defensa pondrán otras 30 desde cinco camiones. Está muy lejos de ser suficiente, tienen que continuar. Este procedimiento de lanzar agua con mangueras, ¿va a cambiar la situación?

Hirose: En principio, no. Porque hasta cuando un reactor funciona bien, requiere un constante control para mantener la temperatura baja, a un nivel que sea mínimamente seguro. Ahora, hay un desastre total adentro, y cuando pienso en los 50 operadores que siguen trabajando, me salen las lágrimas. Creo que han estado expuestos a grandes cantidades de radiación, y que han aceptado que enfrentan la muerte quedándose allí. ¿Y cuánto más tiempo podrán aguantar? Físicamente, me refiero. A eso ha llegado la situación. Cuando veo esos programas por televisión, me gustaría decirles: “Si eso es lo que piensan, ¡háganlo ustedes! Realmente, no tiene sentido lo que dicen, quieren tranquilizar a la gente, quieren evitar el pánico. Lo que necesitamos ahora es un pánico adecuado porque la situación ha llegado un punto donde el peligro es real.

Si yo fuera el Primer Ministro Kan, les ordenaría que hagan lo que hizo la Unión Soviética cuando explotó el reactor en Chérnobil; la solución del sarcófago, enterrar todo bajo cemento, poner a trabajar a todas las compañías japonesas de cemento, y echar todo el cemento encima desde arriba. Hay que asumir el peor escenario posible. ¿Por qué? Porque en Fukushima está la planta Daiichi con seis reactores y la planta Daini con cuatro, lo que suma un total de diez reactores. Si sólo uno de los reactores llega al peor caso, los trabajadores deben evacuar el sitio o quedarse y colapsar. Si, por ejemplo, uno de los reactores de Daiichi deja de funcionar, los otros cinco seguirán el mismo camino en cuestión de tiempo. No se puede saber en que orden se apagarían, pero ciertamente todos dejarían de funcionar. Y si esto sucediera, Daini no está muy lejos, entonces probablemente sus reactores también dejarían de funcionar porque los operarios no podrían quedarse allí.

Estoy hablando del peor de los casos pero la probabilidad no es baja. Este es el peligro que el mundo está mirando. Solamente en Japón se ha ocultado. Como sabe, de los seis reactores en Daiichi, cuatro están en estado crítico. Entonces hasta en el caso de que en uno todo vaya bien y se restablezca la circulación del agua, los otros tres podrían dejar de funcionar. Cuatro están en estado crítico, y dudo que se logre reparar a los cuatro en un cien por ciento, odio decirlo, pero soy pesimista al respecto. Si se logra, luego hay que salvar a la gente, hay que pensar en cómo reducir el escape radioactivo al menor nivel posible. No se trata de arrojar agua, como si se rociara con agua el desierto. Hay que considerar qué hacer si los seis reactores dejan de funcionar, y la probabilidad de que eso suceda no es baja. Todo el mundo sabe cuánto tiempo tarda un tifón en pasar sobre Japón; en general, tarda una semana. Si la velocidad del viento es de dos metros por segundo, podría tomar cinco días para que todo Japón estuviera cubierto con radiación. No se trata de distancias de 20, 30 o 100 kilómetros, se trata de Tokio, Osaka. Así de rápido puede propagarse una nube radioactiva. Por supuesto que dependerá de las condiciones meteorológicas. Sería bueno si el viento soplara hacia el mar, pero eso no siempre sucede. El 15 de marzo, soplaba hacia Tokio. Así es…

Yo: Todos los días, el gobierno local mide la radioactividad. Todas las estaciones de televisión dicen que aunque la radioactividad se incrementa, aún no llega a niveles peligrosos para la salud. Lo comparan con una radiografía del estómago, o cuando sube, con una tomografía computarizada (TC). ¿Cuál es la verdad?

Hirose: El 16 de marzo, por ejemplo, en los alrededores de la Central Daiichi de Fukushima se midieron 400 milisieverts por hora. Con esta cifra, el Secretario en Jefe del Gabinete Edano admitió por primera vez que había un peligro sanitario, pero no explicó de qué se trataba. Toda la información provista por los medios tiene fallas, en mi opinión. Dicen cosas estúpidas, como que en la vida diaria estamos expuestos a radiación proveniente del espacio. Pero eso es un milisievert por año. Un año tiene 365 días, un día tiene 24 horas; si se multiplica 365 por 24, da 8769. Si se multiplica esto por 400 milisieverts, recibes 3.500.000 de veces la dosis normal. ¿Y lo llaman seguro? ¿Qué medio ha reportado esto? Ninguno. Lo comparan con una tomografía computarizada, que dura un instante; no hay punto de comparación. La razón por la cual se puede medir la radioactividad es porque hay una fuga. Es peligroso cuando el material radioactivo entra en el cuerpo y se irradia desde adentro. Estos académicos portavoces de la industria, hablan por televisión y, ¿qué dicen? Dicen que a medida que te alejas del foco radioactivo, la radiación disminuye en proporción inversa al cuadrado de la distancia. Yo quiero decirlo del modo contrario. La irradiación interna sucede cuando el material radioactivo ha sido ingerido por el cuerpo. ¿Qué sucede? Digamos que hay una partícula nuclear a un metro tuyo, la inhalas y se queda adentro de tu cuerpo; la distancia entre ambos es ahora de micrones. Un metro tiene 1000 milímetros, un micrón es la milésima parte de un milímetro. Es mil veces el cuadrado de mil. Ese es el verdadero significado de “proporción inversa del cuadrado de la distancia”. La exposición a la radioactividad se incrementa por un factor de un billón (10 12). La inhalación de sólo una partícula representa un peligro.

Yo: Entonces esas comparaciones con rayos X y tomografías computarizadas no tienen sentido cuando se trata de inhalar material radioactivo.

Hirose: Correcto. Cuando entra en el cuerpo, no se puede saber adonde irá. El mayor peligro, lo corren las mujeres, especialmente las embarazadas, y los niños pequeños. Hay menciones al yodo y al cesio, pero eso no es una solución. No están usando los dispositivos de medición adecuados. Lo que llaman evaluación o monitoreo se reduce a medir la cantidad de radiación en el aire. Sus dispositivos no comen. Lo que ellos miden no tiene conexión con la cantidad de material radioactivo…

Yo: Entonces el daño causado por rayos radioactivos y el daño causado por material radioactivo no son lo mismo.

Hirose: Si preguntas si hay rayos radioactivos provenientes de la Central Nuclear de Fukushima aquí en este estudio, la respuesta será que no hay. Pero las partículas radioactivas son llevadas por el aire. Cuando el núcleo comienza a derretirse, los elementos en su interior, como el yodo se vuelven gaseosos. Se elevan y se escapan por cualquier grieta.

Yo: ¿Hay alguna manera de detectar esto?

Hirose: Me comentó un reportero que ahora Tepco ni siquiera puede hacer evaluaciones regulares. Sólo puede hacer mediciones esporádicas y ese fue el motivo de las declaraciones de Edano. Deberían hacer mediciones constantes, y no pueden hacerlo. Se necesita investigar qué y cuánto está escapando de los contenedores. Para hacerlo hacen falta dispositivos de medición muy sofisticados. Eso no se puede hacer con una posta de monitoreo. No es suficiente medir los niveles de radiación en el aire. Si pasa un coche, aumenta o disminuye; alto o bajo -ese no es el punto. Hace falta identificar qué tipo de materiales radioactivos están escapando, y adónde van. Y ahora, no hay un sistema capaz de hacerlo.

Douglas Lummis es un cientista político radicado en Okinawa y autor de Radical Democracy. Se lo puede contactar en: ideaspeddler@gmail.com

http://www.counterpunch.org/takashi03222011.html

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